EL TÍTULO UNIVERSITARIO VALE LO QUE VALE LA CLASE SOCIAL A LA QUE SE PERTENECE. Una generación engañada, ahora, la española.

Max Bekmann. El rapto de Europa

Caso real. Un titulado universitario joven, con experiencia de trabajo en puestos previos, es contratado por una empresa multinacional española para actuar como jefe en sucesivas obras, llenas de contenidos técnicos complejas y de gestión. Debe llevar el peso, como máximo responsable, de todo el proceso de producción. Las tareas le sitúan en ciudades distintas, según periódicamente se ejecutan. En estas circunstancias no puede vivir más que en el lugar del trabajo en curso; su estado personal se va adaptando a los diferentes destinos geográficos. Transcurren años suficientes; pide –así lo había convenido con la empresa- pasar, de la situación nómada que lleva, a la dirección de trabajos en la sede empresarial;  ya era hora.

Dicen sí; pronto  quedará vacante un puesto, por jubilación, que puede ocupar. Se frustra. El sitio lo asignan a un recién egresado de su misma titulación; la plaza se cubre sin ninguna experiencia previa del que llega. Le piden paciencia; la disculpa a nuestro titulado es: quien viene a ocupar la plaza prometida ha sido designado, directamente, por uno de los principales directivos de la entidad. La siguiente oportunidad –que llegará pronto- será para él. No sucede así; transcurre el tiempo, vuelve la ocasión y, como un “déjà vu”, ésta vuelve a ser idéntica, casi calcada; se ocupa de igual manera que la anterior. Nuestro titulado no aguanta más; abandona la empresa y… recomienza la situación en el extranjero; espera que cuando reclame lo mismo en la nueva empresa -según lo apalabrado en contrato- no le suceda en Europa lo acontecido en España.

Los años de trabajo en la empresa, la experiencia, su saber, su juventud equivalente, no le sirven para nada ante los dos bisoños titulados pertenecientes a -aquí entramos en harina- una clase social en la que él, con el capital social que posee, no se enclava. Su título, la eficacia personal de su labor, sólo eran válidos para la empresa dentro del área de producción nómada; su título –idéntico, procedente de la misma universidad que los otros- y el conocimiento adquirido, lo acreditan con creces para el área de dirección; pero este ámbito, es reserva, sólo, para titulados enclasados allí donde por rango, por capital social, les corresponde. ¿Cuánto vale su título universitario? Vale, justo, lo que vale la clase social a la que pertenece.

Este hecho ejemplifica, ahora en España, lo expresado por Bourdieu en “La distinción”* cuando habla de la devaluación de los títulos de enseñanza secundaria y los universitarios, ante la cada vez más masiva adquisición por parte de jóvenes pertenecientes a clases antes incapaces, socialmente, de acceder a estos títulos. Pasaba en la Francia de principios de los años setenta del siglo XX y pasa ahora, en España, en un proceso que se fue generando con la democracia y que ahora fructifica -muy a la vista por la crisis- en un resultado semejante al francés, dentro de de las circunstancias propias debidas a la demora producida por los cuarenta años de dictadura franquista en los que vivimos desfasados de los tiempos europeos.

La situación aflora, con síntomas previos de datos que iban apareciendo en los periódicos, en noticias encabezadas con titulares como éste: “El mayor paro universitario en la Comunidad de Madrid se da en Leganés”. El análisis social se deriva fácilmente; Leganés, un pueblo del cinturón de Madrid, evolucionado masivamente en población en los años sesenta y setenta con la inmigración de los habitantes del mundo rural de las provincias circundantes a la capital; población en precariedad económica que con el esfuerzo de su trabajo, acompañado del incipiente estado del bienestar del que tiraba Europa, consiguieron dar a sus hijos una  educación universitaria que, obtenido el título, les  daba la oportunidad de recabar en la clase social de los titulados; clase perfectamente establecida que a su vez podría ser trampolín para siguientes. Recién entrados en este espacio, resulta ahora que, debido a la inflación de títulos, la clase se devalúa y en grado creciente según quién seas. El título se trafica y vale lo que vale la clase social a la que se pertenece: aquella a la que los padres pertenecían en origen o a su transformada dentro de la escalada de clases que la situación urbanita favorable, trabajada con grandes esfuerzos y sacrificios, les deparó en oportunidad.

¿Una generación engañada? Sí, la de hijos de clases en las que los padres no les han podido dejar un capital social, capaz de dotarlos en condiciones de igualdad competitiva con los que sí lo tienen. Aquella clase de los titulados que era lugar de acogida, antaño, como zona franca de aparente igualdad social; alcanzada por la objetividad de la valía y el esfuerzo de los que la pretendían, clase con estatus propio, esa clase ahora -inflacionada y frecuentada por hijos de clases con superior capital social- queda devaluada como clase propia y potencial prometedor de ascensión social para los que, procedentes de clases inferiores, habían a ella accedido. La clase de los titulados universitarios tenía sus miembros entre los profesionales, funcionarios medios…, clase con conocimientos técnicos a vender. La clase del poder económico los necesita para sus acciones; ahora los siguen necesitando; pero la alta dirección la dejan para los vástagos de su clase que como infiltrados se nutren del resto amontonado; colocados donde ellos quieren; los manipulan por medio de la competencia intestina; y el excedente, queda condenado a un vagar en una incertidumbre de clase.

Una generación engañada. El título universitario no vale lo que valemos ni lo que nuestro título conseguido prometía, vale lo que vale la clase social a la que pertenecemos.

Se dirá que siempre pasó así en España; el capital social bourdiano es, en castizo, el capital que según tu clase te proporcionaba la famosa “recomendación” española. No es exactamente así, el capital social de Bourdieu trasciende la situación simplista de la recomendación; es una realidad social del sistema. Conocer esta realidad social, ser conscientes de ella -como nos diría Bourdieu- es proveernos con un arma de combate. A nuestro titulado le pasará en Europa lo que le pasó en España. Nos queda ir a la lucha, blandiéndola.

* La distinción. Pierre Bourdieu , Ed. Taurus, 2012

ISBN 9788430609116

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Acerca de jachamorro

Arquitecto por la ETSAM. Doctor en Bellas Artes por la UCM. Profesor Titular de Universidad en la Facultad de Bellas Artes de Madrid en la UCM.
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