INMIGRANTE POBRE, INMIGRANTE RICO. (Título cantado y manido ante la propuesta del gobierno, vía FAES, de poner un precio a la residencia en el país.)

Inmigrante pobre llega, buscando un derecho universal al trabajo en una sociedad que entiende el trabajo como fundamento de la vida social del individuo. Llega, menesteroso, como puede; patera o avión. Es bien recibido como presa de trabajo pobre; mal recibido como intruso consumidor de bienes sociales. Viene en contra de un abstracto Plan de Desarrollo para el tercer mundo, plan con pretensión de mantenerle en su lugar; falaz plan, el único plan válido es el suyo, su obsesión liberatoria, lo sabe bien: la emigración de su país, la inmigración al nuestro.

Trabaja en la nación anfitriona, en sus ciudades, como ciudadano borroso, ciudadano a medias; no ciudadano en ciertos casos, sí en otros, ambiguos; y termina no siendo ciudadano residente, sino residente de hecho sin plenos derechos. Vive en un limbo de indecisa justicia, le pasa el tiempo y su permiso de residencia, precario, le caduca o nunca tuvo. Con semejantes a él en situación, y variada formación, constituyen clase paria de amplio espectro.

Años trabajando, años malviviendo, paro, trabajo soterrado. Al final o te vas, o te camuflas, o resides con permisos temporales. Tu dinero es corto para que este país te admita como residente indefinido, pleno de derechos. Eres inmigrante pobre. Poca cosa humana.

Mas hay otro plan de desarrollo para el país al que llegaste como pobre. Es el desarrollo propio del país en su provecho, pensando en el que llega como rico. Rico, inmigrante rico, orondo residente. Tú, pobre, no desarrollas nada, más que trabajos de cuidados de todo tipo y que ciudadanos de plenos derechos eludimos. Esos trabajos de cuidados, y muchos otros, en los conteos oficiales no contribuye al PIB. Sí cuenta el desembolso presupuesto que le dará derecho a residencia del llegado en avión rico, que compra casa por encima de un valor establecido por la ley; tu casa, si la compraste, vale menos sino te la han desahuciado ya. Ese inmigrante rico, al comprar vivienda, reside por derecho propio otorgado de inmediato; porque esa propiedad categoriza con su precio el derecho a la ciudadanía. Trae dinero, gastará; nos trae riqueza este rico que compra, por más de 160.000€, su derecho a residencia. Bienvenido, inmigrante rico; y si te ofende esta palabra, bienvenido rico residente.

No te preocupes inmigrante pobre, si sigues trabajando como bestia, podrás terminar comprando cualquier habitación inmunda, cualquier malhadado piso, que te dará la ciudadanía residente; porque las hienas habrán puesto precio único, mínimo, a cualquier atisbo de vivienda que requieras: 160.000€ vale cualquier cosa para ti, este es el precio de tu aspirada residencia.

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Acerca de jachamorro

Arquitecto por la ETSAM. Doctor en Bellas Artes por la UCM. Profesor Titular de Universidad en la Facultad de Bellas Artes de Madrid en la UCM.
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