CAMBIOS VIOLENTOS Y SUS TIEMPOS. El poder degenerado “revoluciona” cuando y como le conviene. Sobre el cambio violento -por el modo- de la Constitución Española, acaecido en el 2011.

Se argumenta que los cambios radicales en la sociedad política establecida son muy difíciles, o imposibles, de realizar en la inmediatez de la urgencia. Se dice que la radicalidad cambiante de substancias del sistema, cuando se hace, ha de llevar ritmo pausado –“tempo lento” medido en vidas de hombre sociopolítico- si este cambio radical queremos se produzca de modo pacífico. Asociamos cambio radical pacífico, con dilatación de tiempo; y cambio radical violento, con revolución súbita -impaciente sin espera- que explosión deviene.

El contenido de esta tesis -nos quieren hacer ver- se plantea como esencial y evidente. Se dice: Si se quieren cambios de raíz en el sistema, con paz social, estos serán lentos; se harán con tiempo por el curso mastodóntico de la maquinaria del estado; y si se pretenden rápidos, estos serán violentos al chocar con la inercia del sistema y ante el cambio de dirección y movimiento de la posición establecida. Si hacemos cambios pausados, la serenidad y el andar pacífico están asegurados; si los hacemos por la necesidad apresurados los harán gente violenta y serán violentas las transformaciones.

Esto no es cierto. No depende el cambio radical que se produzca, pacífico o violento -lento o con la rapidez revolucionaria de las inercias del sistema- de la estabilidad perezosa, precavida y miedosa de la sociedad política (sociedad política entendida como todos en ella incluidos), o del nerviosismo y atemperancia del ansia de cambio, sino de la voluntad del que detenta el poder. Poder de hecho, de derecho, implícito o explícito.

Un ejemplo patente lo tenemos en varios hechos, trascendentes, sucedidos en el sistema de la democracia española realmente existente, en la que estamos inmersos como sociedad política europea. Ha habido cambios radicales y substanciales, inmediatos, súbitos en el tiempo, que se han realizado sin violencia física social, pero sí violentando el sistema democrático con cambios de contenido y procedimientos espurios. La inercia del sistema ni se ha notado; el golpe de timón, en el cambio de dirección, ha sido tremendamente violento; pero, por mor de la voluntad política del poderoso, ha sido de una violencia brutal, mas sin ruido, sordo. Ahogado sin estruendo, paradójicamente, a causa de una colisión interna desde  el sistema contra el sistema;  en un tiempo de nanosegundos dentro del intervalo social.

Sordo ha sido un cambio fundamental (traición al político pueblo democrático) a la Constitución española, al añadirle y modificar, dentro del artículo 135, sus contenidos, relativos a la limitación del déficit del Estado y sus Comunidades. A traición por el momento y el tiempo; en el instante social cercano a las elecciones, en que los detentadores del poder, en connivencia y acuerdo ostento (los dos partidos mayoritarios) con los (en este caso esbirros) legalmente atribuidos representantes del pueblo soberano, conculcaron la consulta popular y el debate sociopolítico, para, sin ruido, derivar en un cambio transcendente sin refrendo del pueblo.

Una vez hecho el cambio, a varias veces la velocidad del sonido, sin oír su trueno; ahora nos llega violenta la onda ensordecedora que rompe tímpanos y perdurará en el tiempo político español.

Esa onda es tal que nos estremece; es tan violenta que mata socialmente. Y mata sin sentido. Cambio violento sin sentido del bien social, con sentido depredador del poderoso, cambio para satisfacer su ambición desbocada que le ciega su razón social y solo ve la razón del egoísmo dislocado.

¿Dónde ese argumento –archirrepetido por los interesados falaces-, que la Constitución no se debe cambiar sin una reflexión profunda y pausada, que nos asegure  lo acertado de su cambio; y eso solo se consigue con tiempo dilatado, sin precipitarse por lo improvisado e inmediato?

Gobierno funcionario del Capital, como dijo de los políticos el sociólogo francés; Gobierno al servicio del Poder, ostento o camuflado; capitalismo ¿nunca bien nacido? que, por ellos, ha devenido aberrante.

Un cambio fundamental, que sea cual sea sus orígenes y consecuencias, se ha hecho inmediato en el tiempo; con violencia social y escamoteando (de ahí la traición) la consulta necesaria popular por su trascendencia. ¿Desde cuándo no someter a referendo la limitación que se impone a la soberanía del Estado y sus Comunidades, para presupuestar sus montos y caminos económicos?

Esto ha sido una transformación radical violenta y súbita realizada por el Estado, promovida por el Poder de hecho y ejecutada por sus visibles funcionarios, conscientes o inconscientes, del poder representativo, ahora degenerado, del pueblo. Transcendente, sin consulta popular, contradiciendo la tesis de que los cambios radicales no los hace el Estado sino la Revolución. No, también la revolución –en minúsculas, por ser promovida en circunstancias espurias- la hace el Estado de tal manera que, cuando la realiza, suele ser para consumar una traición. Nos han vendido.

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Acerca de jachamorro

Arquitecto por la ETSAM. Doctor en Bellas Artes por la UCM. Profesor Titular de Universidad en la Facultad de Bellas Artes de Madrid en la UCM.
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