SEÑOR PRESIDENTE ¿CUÁL ES SU DIOS?

¿Su dios, Señor Presidente, es el Mercado? ¿Su “hacer las cosas como dios manda”, que de su boca no aparta, refiere a eso; a deberse usted a su dios, al dios Mercado?

“Hacer las cosas como dios manda” es frase hecha, lo sabemos; mas le traiciona. Traición en forma de lapsus linguae, que expresa lo soterrado y oculto en su cerebro y que no quiere desvelar. Su secreto es terrible: A quien adora, y quien dirige sus acciones de gobierno, quien va, de usted, delante, y al que sigue, es el Becerro de Oro.

O quizás el Mercado es un dios bueno; o no es un dios, sino un ente social creado por el hombre para relacionarnos en común.

En el Mercado se han mentido, inversores, banqueros, depredadores… diablos transmutados en formas semejantes; y usted o ingenuo es, o uno de ellos, o un esbirro, o poseído; actúa como un adorador del Gran Becerro; como si fuera su ángel terrible, o un bobalicón.

Baal, o Astarté o Moloch o cualquier otro dios, piden sacrificios, y usted, sacerdote fundamentalista, no ciudadano, y por tanto, no político, presidente ungido, sigue sus demandas y sacrifica su país a ese dios avaricioso que le pide inmolación del débil; y no detiene su brazo. Dioses que son máscaras de los hombres, máscaras tras las que esconden sus rostros hombres informes de avaricia.

Los Dioses varios, o el Dios único, son humana creación. A Dios lo creó Hombre, dando forma al barro de sus miedos; y, una vez creado, encarnado en sí mismo, lo utiliza, el degenerado social, en su provecho.

Señor Presidente, usted es uno de esos voceras devenido -como lo es Monsieur le President, o Verehrter Präsident- del, en su día, paradigmático sumo sacerdote del deutschmark, Hans Tietmeyer, con templo en el Banco Federal Alemán; que ya Pierre Bourdieu, hace dieciséis años, analizaba “hermeneúticamente”, como él mismo apuntaba, en su “El arquitecto del euro se confiesa”[i].

Dieciseis años, y lo allí confesado es lo mismo que el ahora; un ahora que pide los mismos sacrificios pero con intensidad más cruenta; más sangre, corriente entre coágulos por el altar del Mercado; ya sin temor y desatado. La máscara del dios Mercado, detrás del cual se esconden los insaciables hombres aberrantes, “baala” hueca sonora, pidiendo más y más víctimas; siempre insatisfecho.

¡Confianza de los Mercados; flexibilizar el mercado de trabajo; reformar el estado social que ya no es soportable; recortar el gasto público; competitividad entre trabajadores (para provecho de los pocos); productividad, camino de la exahución! grita Moloch en usted encarno, Señor Presidente; y usted -vez más deforme, vez más informe- vocea, eco repetido, estas manidas consignas; repetitivo como el infierno en vida, creado por el hombre, donde usted actúa como demonio secundario al servicio de un también creado satán, y por eso, en la sombra, muy real .

Nos ponen a luchar en competencia, crédulos unos, otros arrastrados, sin control de su deriva, en formas de emprendedores, trabajadores, pequeños empresarios; de gladiadores en el circo, en un sálvese quien pueda, luchando entre nosotros; ante un César fatuo, falso manumitidor de esclavos.

Señor Presidente, sea fuerte; sea alejandrino y taje el nudo gordiano del Mercado absurdo. No se ponga a desatar un nudo ovillo, anudado por minotauros marineros, con el único sentido de desorientarnos en laberintos, de los cuales no salimos; engañados con la apariencia de ser libres porque en ellos nos movemos. Movimientos de cautivos.

Señor Presidente, abandone su obediente manto ungido sacro, sea simple ciudadano, civilizado; y rompa las cadenas del infierno donde nos descienden y apresan los mentidos dioses poderosos.

Alíese, con los otros Alejandros que se formen. De las tres soluciones, de las tres salidas de la ciénaga en la que nos han arrojado, -manipuladores del sistema, intencionadamente; y el propio sistema, cada vez más añejo y caduco- que son: Salir incólumes los ricos, y más ricos, a costa del resto de ciudadanos; o emerger los ciudadanos de los lodos, con un justo reparto del exceso, donde la carga acumulada por los pocos se reajuste y equilibre socialmente; o revolucionar el sistema con sapiencia; por lo menos, comprométase con la segunda salida; ya que con la tercera, no creemos tenga usted arrestos, ni creencia en ella.

Confianza de los Mercados, frente a, confianza del pueblo en el Sistema; flexibilizar el mercado de trabajo, frente a, el trabajo como digna forma de libertad y vivir social; reformar el estado social, que ya no es soportable, frente a, perfeccionar el estado social como lógica de vida; recortar el gasto público, frente a, los impuestos revertidos sociedad; competitividad entre trabajadores, frente a, trabajadores, todos, aportando su sapiencia compartida; productividad camino de la exahución , frente a, un trabajo para el ocio y buen vivir; economía de mercado versus economía ecológica.

Confianza de los Mercados, ¡no! Confianza del pueblo en el Sistema, creado por él mismo y que a su libre albedrío lo recree.

Señor Presidente, no haga las cosas “como ese dios le manda”. Usted representa la acción del pueblo; hágalas como la ciudadanía le demanda.


[i] El arquitecto del euro se confiesa. Pierre Bourdieu. Nº 22/23 de la edición española de Le Monde Diplomatique, Agosto/septiembre 1997


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Acerca de jachamorro

Arquitecto por la ETSAM. Doctor en Bellas Artes por la UCM. Profesor Titular de Universidad en la Facultad de Bellas Artes de Madrid en la UCM.
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