SOBRE CLIENTELISMO: EL CLIENTE REAL, EL VIRTUAL Y EL PRISIONERO.

Conforme se disolvía el imperio romano, gestor del clientelismo, se formaba el feudalismo transformado en caciquismo y éste mentido en oligarcas de partidos políticos.

Hay una diferencia con el cliente romano. Si el patrono romano necesitaba el cliente, para mayores fines políticos, y lo pagaba y mantenía de su peculio; el cliente del cacique oligarca, hoy día, es pagado y mantenido a costa del erario público que el oligarca domina.

El cliente recibe trabajo, contratos o subvenciones de lo público, concedidos de manera “apañadamente” legal por el que tiene el poder. Este es un clientelismo pagado con lo público y que no cuesta dinero al poderoso. Sigue habiendo el clientelismo, más cercano al caciquismo novecentista, en que el trabajo no lo concede el poderoso a su costa sino a costa de los demás; el cacique te da trabajo recomendándote a otros clientes que, por clientes del cacique, se obligan a concederlo y tomarlo a sus expensas. El feudal, cacique, llamémosle oligarca para este siglo XXI, teje la red de su poder sobre personas ayudado por el imaginario colectivo de más de dos mil años que neuralmente llevamos grabado; y en nuestro circuito cerebral se repite una y otra vez y trasmitimos a hijos y a los hijos de nuestros hijos. Sigue vigente.

En Ávila se dice que la verdadera dirección de buscar trabajo no es la calle donde está el INEM, sino la calle Alemania donde se encuentra la sede de determinado partido político.

El cliente real es el que realmente recibe, constantemente, con cierta periodicidad, o alguna vez. Esta alguna vez, o ninguna, es la situación que lleva a la segunda figura del cliente: el cliente virtual.

El cliente virtual es perfecto conocedor del clientelismo, pero nunca ha recibido; espera, ansía recibir, pasar a ser cliente. Puede llevar treinta años siendo fiel servidor del poderoso, no haber recibido nunca pero ser esperanzado recibidor y por consiguiente esclavo prisionero moderno del poder. Ancestro imaginario, imposible engrama cerebral a combatir si no es con tiempo. Democracia liberada.

Todo se traduce en votos, sutil puchero, pucherazo de la democracia ibérica realmente existente.

Y qué decir del prisionero. El prisionero es aquél que depende totalmente del oligarca y su sistema; su contrato temporal o indefinido -los dos con la espada de Damocles encima de su renovación- le hace prisionero de por vida y de por vida el sistema le mantiene preso evitando siempre consciente su liberación.

¿Y existe el liberado? ¿Es posible su figura? Existe pero es un “out sider”, un integrado a medias o uno que vive al margen del cacique oligarca, un diletante al cual el poder lo aparta.

Estas situaciones son la vida misma. La vida misma de una situación que nos obliga a la lucha por su desaparición. Españolitos, dos mil años de historia clientelar nos contemplan; pirámides milenarias con gran basa de imaginario social, rémoras pesadas, de las que nos debemos liberar.

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Acerca de jachamorro

Arquitecto por la ETSAM. Doctor en Bellas Artes por la UCM. Profesor Titular de Universidad en la Facultad de Bellas Artes de Madrid en la UCM.
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