Sanidad Pública

Entrando en Ávila, por la carretera de Madrid, se percibe nítida una línea del cielo que caracteriza la primera impresión de la ciudad para el que entra de nuevas, o si vecino te recibe acogedora.

Ávila línea del cielo: la Serrota, su Catedral y -aquí, la percepción de mi amigo que en el coche me acompañaba- el potente prisma de nuestro Hospital.

Se quejaba -le chocaba- que compitieran línea pura entre los dos. Entendía que era intrusa la línea hospitalaria de nuestra Sanidad Pública. Competencia simbólica, pulso entre dos. La sierra armonizaba ambas.

No había pensado yo, antes, en esto. Me vino fulgurante la respuesta: Es nuestro orgullo civil esta nueva línea del cielo; símbolo del logro social universal que cuida público, sin distingos, nuestros cuerpos. Prisma nítido nuestro Hospital.

La Sanidad Pública es derecho fundamental de cualquier ciudadano en nuestro país; debe serlo en cualquier país. Hay lugares del planeta, por desgracia, en los que salud es sinónimo de dinero para mantenerla; o recuperarla si perdida. En España, el sistema público de salud es para todos y gratuito, mantengámoslo así siempre. Siempre.

¿Y qué podemos decir en cuanto a su gestión y su presteza? Nuestros gestores ¿lo hacen bien? Nosotros, ciudadanos, debemos exigírselo.

Hemos de recibir buena gestión de este derecho fundamental. Las listas de espera son una señal de que el sistema es perfectible. Las listas de espera son quistes de tiempo peligrosos. Perfeccionemos nuestra Sanidad Pública para que la atención, del que necesita cura, sea tan inmediata como lo pida su situación.

Desaparición de las listas de espera sigue siendo una utopía; motivo de frustración entre nosotros.

Los ciudadanos pagan Sanidad Pública con impuestos, para que los gestores de nuestra sanidad la tengan siempre a punto; precisa como reloj incansable. Gestores políticos, que no las fuerzas sanitarias, humanas -las que nos curan- que éstas no fallan.

Algunos de sus responsables, como solución, han propuesto que una privatización del servicio sanitario es lo mejor para todos.

No nos engañemos. El sistema público de salud es nuestra fortaleza social, nuestro orgullo; nuestro logro de sociedad en equidad.

Esto es evidente, incuestionable, es un derecho natural que se destila social. Es más que el derecho a la vivienda; y si no más, le es parejo.

La sanidad pública seguirá siendo pública, sin dobleces ni eufemismos, si los ciudadanos pensamos -en esta cuestión tan primordial- en sintonía a la idea, a la convicción, de que la Sanidad Pública, es un derecho natural universal. Esto hay que recordarlo siempre, e insistir, hasta que el cuestionarlo sea absurdo para cualquier ciudadano; porque así lo aprendió y lo hizo suyo en el momento en que, consciente, e inconscientemente, lo fue asimilando de manera natural, al contacto con la escuela, con los suyos.

Cada uno de nosotros debemos ser Ulises, atado al mástil, que resiste los cantos de sirena de un mercado libre sanitario que, no olvidemos, cómo mercado libre, su principal misión es la de hacer capital para sus accionistas.

Atención primaria sanitaria, prevención, centros de salud, hospitales; equitativamente bien distribuidos en el territorio y por nuestros barrios ciudadanos; bien dotados de recursos humanos y medios técnicos. Investigación constante para la salud de nuestros cuerpos.

Lo pedimos, ciudadanos todos. Es obvio; obviedades que siempre hay que recordar a los que buscan hacer, de la sanidad pública, un devenir a una actividad exclusiva del mercado.

Muchos políticos lo tienen olvidado: la sanidad es un derecho del ciudadano. Es la sociedad quien la tiene que procurar. Ellos, gestionar.

A todo esto, la espada suspendida de Damocles -la privatización- sobre nuestra Sanidad Pública.

Espada de Damocles pendiente, ensuciando el cielo, sobre nuestro orgullo civil; sobre nuestra línea del cielo, símbolo del logro social universal que cuida público, sin distingos, nuestros cuerpos. Prisma nítido, nuestra Seguridad Social, nuestro Hospital.

Universal; sin fronteras ni razas.

Un matrimonio amigo, mi mujer, y yo, cruzamos las fronteras hasta Verona. Verano de 1989. Una noche, a nuestra amiga le ahogaba un ataque de asma. Urgencias, ambulancia, la Croce Verde recuerdo; los demás, saliendo del hotel, la seguimos en el coche, precipitadamente, en la oscuridad eléctrica de Verona, hasta la hospitalidad amiga; la línea del cielo del Hospital de Verona. Levantaron de la cama al Jefe de Servicio de la especialidad correspondiente; porque sin su ayuda, a los de urgencia, se les iba.

Dos días después, nuestros amigos salían del hospital y, terminando por obligación su viaje, se volvieron felices y agradecidos para España. ¿Quién pagó todo aquello? No lo sabemos. Para nosotros: una gestión sanitaria pública universal, amiga y eficaz.

No hubo fronteras, no hubo razas; nadie preguntó más allá de lo pertinente. Actuaron.

Derecho Universal. Derecho Natural destilado en Sociedad. No lo perdamos.

Línea del cielo Ávila, su Sierra, Catedral; y el potente, orgullo ciudadano, prisma de nuestro Hospital.

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Acerca de jachamorro

Arquitecto por la ETSAM. Doctor en Bellas Artes por la UCM. Profesor Titular de Universidad en la Facultad de Bellas Artes de Madrid en la UCM.
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